Cada 11 de septiembre, Cataluña celebra su fiesta nacional, la Diada Nacional de Catalunya.
Para quien todavía conoce poco su historia, la elección de esta fecha puede resultar sorprendente. El 11 de septiembre no conmemora una victoria, sino la caída de Barcelona en 1714, al término de la guerra de Sucesión española.
¿Cómo pudo una derrota de hace más de tres siglos convertirse en uno de los principales símbolos de la Cataluña contemporánea? Para comprenderlo, hay que remontarse mucho antes de 1714, a la formación progresiva de los condados catalanes, a la Corona de Aragón, a la monarquía hispánica y a las instituciones propias que Cataluña fue desarrollando a lo largo de los siglos.
Un hilo conductor vincula esta larga historia con la Diada: durante siglos, Cataluña formó parte de conjuntos políticos más amplios, al tiempo que conservaba sus propias leyes, instituciones y formas de gobierno. Es la desaparición de gran parte de este orden institucional después de 1714 lo que irá otorgando progresivamente a esta fecha su fuerza simbólica.
Este artículo no pretende defender una determinada interpretación política de esta historia. Su único propósito es comprender qué representa el 11 de septiembre, qué acontecimientos conmemora y por qué esta fecha sigue ocupando hoy un lugar tan importante en la memoria colectiva catalana.
De la Marca Hispánica a 1714
La formación progresiva de los condados catalanes y su integración en los grandes conjuntos políticos de la península y del Mediterráneo

La Marca Hispánica designa la zona fronteriza establecida al sur del Imperio carolingio para proteger los territorios francos frente a Al-Ándalus.
De los francos a los condados catalanes
En 711, los ejércitos musulmanes cruzan el estrecho de Gibraltar y conquistan en pocos años gran parte de la península Ibérica.
A comienzos del siglo IX, los francos intentan establecer al sur de los Pirineos una zona fronteriza frente a Al-Ándalus. Este conjunto de territorios, denominado tradicionalmente Marca Hispánica, no constituye una región administrativa única ni se corresponde exactamente con la Cataluña actual. Está organizado en varios condados sometidos a la autoridad de los soberanos francos.
En 801, un ejército franco dirigido por Luis el Piadoso, hijo de Carlomagno, reconquista Barcelona, hasta entonces en poder de las fuerzas musulmanas.
La ciudad y los territorios de su entorno quedan entonces integrados en el espacio carolingio. Es en este contexto cuando comienzan a estructurarse varios condados, entre ellos el condado de Barcelona, cuyos primeros condes ejercen el poder en nombre de los soberanos francos.
Con el paso de las generaciones, los cargos condales se vuelven hereditarios y los vínculos con la monarquía franca se debilitan.
Tras el saqueo de Barcelona por Almanzor en 985 y ante la falta de una ayuda efectiva del poder franco, el conde Borrell II no renueva su vínculo de fidelidad con la nueva dinastía de los Capetos.
A partir de finales del siglo X, los condados catalanes se emancipan progresivamente de la autoridad franca y adquieren una autonomía política de hecho. Sin embargo, no se trata de una declaración oficial de independencia ni del nacimiento, en 988, de un Estado catalán en el sentido moderno.
Durante los siglos siguientes, estos condados consolidan su organización y prosiguen su expansión hacia el sur.

En 1137, los esponsales de Ramon Berenguer IV, conde de Barcelona, y Petronila de Aragón preparan la unión dinástica que dará origen a la Corona de Aragón. Su matrimonio se celebrará en 1150.
La unión con Aragón: formación de la Corona de Aragón
En 1137, una alianza dinástica acerca los territorios del conde de Barcelona al reino de Aragón.
El rey Ramiro II de Aragón acuerda los esponsales de su hija y heredera, Petronila, todavía niña, con el conde de Barcelona Ramon Berenguer IV.
Ramon Berenguer IV recibe entonces el gobierno de Aragón con el título de príncipe, mientras Ramiro II conserva el título de rey. El matrimonio entre Ramon Berenguer IV y Petronila no se celebra efectivamente hasta 1150.
Su hijo Alfonso se convierte posteriormente en rey de Aragón y conde de Barcelona, consolidando lo que se conocerá como la Corona de Aragón.
No se trata de la fusión de dos reinos: Aragón es un reino, mientras que los territorios catalanes se organizan en torno al condado de Barcelona y otros condados. Los distintos componentes de la Corona conservan sus leyes, instituciones y tradiciones políticas propias.
Durante los siglos siguientes se desarrollan, entre otras instituciones, las Corts Catalanes, asambleas que representan al clero, la nobleza y las ciudades, así como la Diputació del General, futura Generalitat.
Ramon Berenguer IV prosigue también la expansión hacia el sur con las conquistas de Tortosa en 1148 y de Lleida en 1149. En el siglo siguiente, Jaime I conquista, entre otros territorios, Mallorca y el reino de Valencia.
Una gran potencia mediterránea

La expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo, entre los siglos XIII y XV.
Entre los siglos XIII y XV, la Corona de Aragón se convierte en una importante potencia política, comercial y marítima en el Mediterráneo.
Sus soberanos extienden progresivamente su influencia a las Baleares, Sicilia, Cerdeña y, en el siglo XV, al reino de Nápoles.
Mercaderes catalanes, valencianos y mallorquines establecen redes comerciales en buena parte del Mediterráneo. Barcelona se convierte en uno de los principales centros mercantiles de la Corona, junto con otras ciudades que van adquiriendo una importancia creciente, como Valencia.
Esta apertura mediterránea constituye una dimensión esencial de la historia económica y política de la Cataluña medieval.

El matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón en 1469 prepara la unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón. Sin embargo, ambos conjuntos políticos conservan sus leyes e instituciones propias.
La unión dinástica de las coronas de Castilla y Aragón
Esta historia institucional es esencial para comprender lo que sucederá después: las uniones dinásticas acercan progresivamente los distintos reinos de la península sin hacer desaparecer de inmediato sus particularidades.
En 1469, el matrimonio del príncipe Fernando de Aragón con la princesa Isabel de Castilla acerca a las dos principales potencias cristianas de la península.
Isabel se convierte en reina de Castilla en 1474 y Fernando en rey de Aragón en 1479.
Esta unión dinástica constituye una etapa fundamental en la formación de la futura monarquía española, pero todavía no crea un Estado español unificado. Castilla y los territorios de la Corona de Aragón conservan sus propias leyes, instituciones, sistemas fiscales y administraciones.
En 1492, la conquista de Granada por los Reyes Católicos pone fin al último Estado musulmán independiente de la península Ibérica y marca tradicionalmente el final de la Reconquista. Ese mismo año, Cristóbal Colón emprende su primer viaje hacia occidente con el apoyo de la Corona de Castilla.
La apertura de la ruta hacia América desplaza progresivamente el centro de gravedad económico y político de la monarquía del Mediterráneo hacia el Atlántico. Para Cataluña y, más ampliamente, para la Corona de Aragón, este cambio es importante: su tradición mediterránea permanece, pero la nueva expansión atlántica está impulsada principalmente por Castilla.
Carlos V y la monarquía compuesta

En el siglo XVI, Carlos V gobierna un enorme conjunto de territorios en Europa y América. Esta monarquía sigue estando formada por reinos y principados que conservan instituciones diferentes.
Como resultado de las alianzas dinásticas, el nieto de los Reyes Católicos se convierte en Carlos I de los reinos hispánicos en 1516 y, posteriormente, en emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1519 con el nombre de Carlos V.
Se encuentra al frente de un enorme conjunto de territorios: los reinos de Castilla y Aragón, los Países Bajos borgoñones, posesiones italianas, territorios austríacos durante una parte de su reinado y las posesiones americanas de la Corona de Castilla.
Sin embargo, esta potencia no constituye un Estado homogéneo. Sigue siendo una monarquía compuesta en la que los distintos territorios conservan en gran medida sus instituciones y derechos propios.
Cataluña continúa disponiendo así de sus Constituciones, sus Corts y la Diputació del General.
A medida que el Atlántico y el imperio americano adquieren importancia, Castilla gana, sin embargo, un peso económico, fiscal y político creciente dentro de la monarquía.
La monarquía de los Habsburgo
Después de Carlos V, la corona pasa a su hijo Felipe II, y posteriormente a Felipe III, Felipe IV y, por último, Carlos II.
Durante este periodo, los territorios de la monarquía continúan manteniendo sistemas jurídicos e institucionales diferentes.
En Cataluña permanecen las Constituciones catalanas, las Corts y la Generalitat.
Sin embargo, surgen tensiones entre la monarquía y las instituciones catalanas, especialmente en torno a las exigencias fiscales y militares. Estas tensiones culminan en el siglo XVII con la Guerra dels Segadors de 1640.
En 1700, el rey Carlos II, último descendiente de Carlos V que reinó sobre la monarquía hispánica, muere sin heredero directo. Su sucesión abre una crisis que rápidamente adquiere una dimensión europea.

El 11 de septiembre de 1714, Barcelona cae tras catorce meses de asedio. La derrota abre el camino a la supresión de las antiguas instituciones políticas catalanas y se convierte, mucho tiempo después, en el principal símbolo histórico de la Diada.
La guerra de Sucesión española
Es este equilibrio entre una monarquía común y unas instituciones territoriales propias el que se verá alterado a comienzos del siglo XVIII.
Dos candidatos reclaman la sucesión de Carlos II: Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV y miembro de la dinastía de los Borbones, y el archiduque Carlos de Austria, perteneciente a la casa de Habsburgo.
El testamento de Carlos II designa a Felipe de Anjou, que se convierte en Felipe V.
La posibilidad de que las monarquías francesa y española queden estrechamente vinculadas preocupa a varias potencias europeas. Una coalición formada, entre otros, por Inglaterra, las Provincias Unidas y los Habsburgo de Austria entra en guerra contra los Borbones.
El conflicto se convierte a la vez en una guerra europea y una guerra civil dentro de la monarquía hispánica, ya que existen partidarios de ambos candidatos en distintos territorios.
La situación catalana es, en sí misma, más compleja que una simple oposición entre Cataluña y Felipe V.
Las instituciones catalanas reconocen inicialmente a Felipe V, que se desplaza a Barcelona y jura las Constituciones catalanas durante las Corts de 1701-1702.
Sin embargo, las relaciones con el nuevo poder se deterioran. En 1705, gran parte de las fuerzas políticas catalanas se une al bando del archiduque Carlos, especialmente con la esperanza de preservar mejor las instituciones y Constituciones del Principat.
Cataluña se convierte entonces en uno de los principales territorios favorables a la causa austracista, es decir, al bando del archiduque Carlos de Austria.
1713-1714: la resistencia y la caída de Barcelona
A partir de 1711, la situación internacional cambia cuando el archiduque Carlos se convierte a su vez en emperador del Sacro Imperio.
Las potencias europeas negocian progresivamente el final del conflicto. Los tratados de Utrecht de 1713, completados, entre otros, por el de Rastatt en 1714, ponen fin a la mayor parte de la guerra entre las grandes potencias.
Las fuerzas aliadas se retiran progresivamente de la península.
En julio de 1713, la Junta de Braços decide, sin embargo, continuar la resistencia contra las fuerzas de Felipe V.
Barcelona sufre entonces un largo asedio. El 11 de septiembre de 1714, después de catorce meses de resistencia, las tropas borbónicas entran en la ciudad.
Al día siguiente, la Diputació del General y el Consell de Cent de Barcelona son suprimidos.
El Decreto de Nueva Planta de 1716 suprime las principales instituciones políticas propias de Cataluña y deroga la mayor parte de su derecho público. También reorganiza profundamente su administración siguiendo un modelo centralizado, aunque mantiene una parte del derecho privado catalán.
El castellano se convierte, entre otras cosas, en la lengua de la administración real y de la nueva Real Audiencia. Sin embargo, el catalán continúa utilizándose ampliamente en la vida cotidiana y social.
La monarquía borbónica establece así un sistema mucho más centralizado que el de la monarquía compuesta de los Habsburgo.
Los siglos siguientes: de la memoria cultural al retorno de la autonomía
La caída de Barcelona y la supresión de las instituciones catalanas no convierten inmediatamente el 11 de septiembre en una fiesta conmemorada cada año. El recuerdo de 1714 se irá construyendo y adquirirá un nuevo significado con el paso del tiempo.
En el siglo XIX se desarrolla la Renaixença, un movimiento de renacimiento cultural y literario que contribuye a devolver al catalán un lugar importante en la vida intelectual y cultural.
A comienzos del siglo XX, las reivindicaciones de autogobierno adquieren también una dimensión institucional. La Mancomunitat de Catalunya, creada en 1914, reúne las cuatro diputaciones catalanas hasta su supresión durante la dictadura de Primo de Rivera.
Tras la proclamación de la Segunda República española, un gobierno catalán provisional recupera en 1931 el nombre histórico de Generalitat de Catalunya.
El Estatuto de Autonomía aprobado en 1932 organiza posteriormente el autogobierno catalán con un Parlamento, un Gobierno y un presidente de la Generalitat.
En abril de 1938, en plena Guerra Civil, el régimen franquista suprime oficialmente la Generalitat y sus competencias.
Sin embargo, la institución subsiste simbólicamente en el exilio. Tras la muerte de Franco, es restablecida provisionalmente en septiembre de 1977, incluso antes de la aprobación de la Constitución española de 1978.
Cómo el 11 de septiembre se convirtió en la Diada
Es sobre todo a partir de finales del siglo XIX, en el contexto de la Renaixença y del surgimiento del catalanismo político, cuando el 11 de septiembre va adquiriendo progresivamente su dimensión conmemorativa moderna.
La fecha se convierte entonces en un símbolo de la pérdida de las antiguas instituciones catalanas, pero también de la voluntad de preservar una identidad, una lengua y unas formas de autogobierno.
Posteriormente, las conmemoraciones atraviesan periodos de autorización y de prohibición según los distintos regímenes políticos.
Tras el retorno de la democracia y de la autonomía, el Parlamento de Cataluña aprueba en 1980 una ley que declara oficialmente el 11 de septiembre fiesta nacional de Cataluña.
La Diada tal como la conocemos hoy es, por tanto, el resultado de una larga construcción de la memoria de 1714. No celebra la derrota en sí misma, sino aquello que esta fecha acabó representando en la historia catalana.
De 1978 hasta hoy: la España de las autonomías

El Palau de la Generalitat, en Barcelona, es la sede histórica del Gobierno catalán. La Generalitat es restablecida provisionalmente en 1977, antes de la aprobación de la Constitución española de 1978.
Tras la muerte de Franco en 1975, España inicia su transición hacia la democracia.
La Constitución de 1978 afirma la unidad de España al tiempo que reconoce el derecho a la autonomía de las «nacionalidades y regiones» que la integran.
El Estatuto de Autonomía de Cataluña se aprueba en 1979 y las primeras elecciones al nuevo Parlamento catalán se celebran en 1980.
Con el paso de los años, la Generalitat ejerce importantes competencias en ámbitos como la educación, la sanidad, la cultura o la policía autonómica, mientras que las principales competencias propias del Estado continúan siendo ejercidas por el Gobierno español.
En 2006 se aprueba un nuevo Estatuto de Autonomía.
Su preámbulo recuerda que el Parlamento catalán definió Cataluña como una «nación», mientras que su artículo primero la define jurídicamente como una «nacionalidad» que ejerce su autogobierno de acuerdo con la Constitución y el Estatuto.
En 2010, el Tribunal Constitucional anula o reinterpreta varias disposiciones del Estatuto y precisa que la referencia a la «nación» incluida en su preámbulo carece de eficacia jurídica interpretativa.
Esta decisión se convierte en uno de los factores importantes del auge del movimiento independentista durante los años siguientes.
El 1 de octubre de 2017, el Gobierno catalán organiza un referéndum de autodeterminación, pese a que la ley que debía servirle de fundamento había sido suspendida unas semanas antes por el Tribunal Constitucional y posteriormente declarada inconstitucional.
La crisis institucional posterior conduce a la aplicación temporal del artículo 155 de la Constitución, al cese del Gobierno catalán y a la convocatoria de nuevas elecciones autonómicas.
Desde entonces, Cataluña conserva su condición de comunidad autónoma dentro de España, mientras que la cuestión de sus relaciones con el Estado y la de la soberanía continúan alimentando el debate político.
Por qué 1714 sigue hablándonos hoy
El 11 de septiembre de 1714 marca una ruptura fundamental en la historia catalana.
La victoria de Felipe V abre el camino a la supresión de las antiguas instituciones políticas del Principat y al establecimiento de un modelo borbónico mucho más centralizado.
Con el paso de los siglos, esta ruptura se ha convertido en un elemento importante de la memoria colectiva catalana.
Los debates contemporáneos sobre la lengua, las instituciones, la autonomía o las relaciones con el Estado español suelen interpretarse a la luz de este legado, aunque evidentemente tengan sus propias causas, desafíos y protagonistas.
Por tanto, la Diada no posee un único significado político. Según las personas y las épocas, puede vivirse como una conmemoración histórica, una celebración cultural y nacional, una defensa de la autonomía o la expresión de una reivindicación independentista.
Pero todas estas interpretaciones parten de un mismo acontecimiento: la caída de Barcelona el 11 de septiembre de 1714 y la posterior desaparición de las principales instituciones políticas catalanas.
Así es como una derrota de hace más de tres siglos se convirtió en uno de los principales símbolos de la Cataluña contemporánea.
Jim – La Tribune de Planas





